



Cuentos de monstruos simpáticos, tres manualidades de una tarde, el disfraz que no hay que comprar y un plan para la semana del 31.
Halloween en casa con niños pequeños tiene un problema: la mitad de lo que se vende da miedo de verdad, y la otra mitad es plástico que dura una noche. Esta guía va de lo otro: cuentos con monstruos simpáticos, manualidades que se hacen en una tarde, un disfraz que no hay que comprar y un plan para la semana del 31 que no termine en pesadilla.
Antes de los 3 años, Halloween es una calabaza y unos disfraces raros: mejor no forzar. Entre los 3 y los 5 les encanta el juego de «dar un poco de miedo» siempre que ellos controlen el susto: monstruos que se esconden, brujas torpes, fantasmas que tienen hambre. A partir de 6 ya piden historias con más emoción y, sobre todo, hacer cosas: decorar, disfrazarse, salir a pedir caramelos.
Un buen cuento de Halloween juega con el miedo como se juega al escondite: sabes que al final aparece alguien conocido. Estos son los que más nos piden y los que mejor funcionan leídos en voz alta.
Hojas de pegatinas reutilizables o stickers grandes: los peques deciden dónde va cada fantasma y las quitan en noviembre sin dejar marca. De 2 a 6 años. Cero limpieza.
Témperas sólidas o pintura de dedos sobre una calabaza pequeña. Se seca en diez minutos, no hay cuchillos y la calabaza aguanta semanas. Truco: pintar caras contentas, no terroríficas, y dejar que la del adulto sea la más fea.
Plantilla de murciélago, cartulina negra, tizas de colores para los ojos y un cordón. A partir de 4 años recortan ellos; antes, recortas tú y ellos pegan y cuelgan.
Con menores de 5 años, el disfraz comprado suele acabar en el suelo a los diez minutos: pica, aprieta, no pueden moverse. Lo que funciona:
Si quieres completar el disfraz con poco, esto es lo que tenemos en la tienda:
Un cuento de Halloween cada noche, en lugar del de siempre. Una manualidad el miércoles por la tarde. Así el 31 no es un día raro, es el final de una semana especial.
Disfraz casero, calabaza pintada en la ventana y, si salís a pedir caramelos, una botella de agua y una bolsa pequeña: con tres casas, un niño de 4 años ya tiene suficiente.
Se guardan los fantasmas de la ventana en un sobre para el año que viene. Los cuentos, no: siguen en la estantería todo noviembre, que es cuando de verdad los piden.
No hace falta celebrarlo, pero un cuento de monstruos simpáticos le ayuda justamente a eso: a ponerle nombre al miedo y a reírse de él. Empieza por los de solapas.
Stickers, tatuajes temporales o un cuento pequeño. Entre 4 y 8 euros, no caducan y no son caramelos.
Sí, desde principios de octubre: cuentos, manualidades, tatuajes y alguna botella de edición especial. Lo que ves en esta página está en la tienda y en la web.
Y cuando pase Halloween, empieza lo bueno: nuestra guía de regalos de Navidad por edades.
Dinos la edad y si es de los que se asustan o de los que piden más, y te recomendamos.